El Trastorno del Espectro Autista (TEA), también conocido como “autismo”, está dentro de los Trastornos del neurodesarrollo, es decir, es considerado un trastorno con base neurológica.
En cuanto a su prevalencia, estudios señalan que a nivel mundial 1 de cada 160 (0,625%) niños son diagnosticados con TEA, mientras que en Chile, según un estudio realizado en el año 2021, en una muestra de 272 niños entre 18-30 meses que tenían residencia en la zona urbana de Chile, se obtuvo como resultado que 1 de cada 51 niños se encuentra en el Espectro del Autismo.
Esta condición se caracteriza por presentar dificultades sociales, conductuales, de comunicación e interacción, en donde es necesario mencionar que, si bien es común observar grandes dificultades en el manejo de situaciones sociales (lo que puede complejizar el establecer una conversación), es importante empatizar para así poder generar una verdadera inclusión a nivel de convivencia. Además, otra característica importante de aclarar, es que se suele asociar a las personas con TEA con un alto nivel de agresión, lo que se sustenta en las crisis o desregulación emocional que pueden presentar, sin embargo, la aparición de tales conductas suelen deberse a la falta de asequibilidad, adaptación y contención por parte del entorno, en donde estas situaciones pueden verse potenciadas por factores estresantes como contención por medio de un abrazo sin previa autorización o movimientos abruptos sin considerar la mayor sensibilidad ante estímulos táctiles, visuales o sonoros que tienen las personas con TEA.
Pese a todo lo anterior, las personas con esta condición pueden afrontar las situaciones y participar activamente en la sociedad si cuentan con el apoyo y adecuación apropiada en el entorno, siendo necesaria la inclusión. Ante esto es relevante entregar la distinción entre asistencialismo e inclusión, el primer término hace referencia a que se le deben generar soluciones a las personas sin que ésta tenga un grado mayor de responsabilidad, por el contrario, la inclusión busca entregar herramientas pero potenciando las habilidades y cualidades de la persona, razón por la cual, es un trabajo cooperativo en donde ambas partes tienen responsabilidad en la ejecución de tareas. Por ejemplo, si hay dos niños jugando y uno de estos le pega a otro porque él quería repetir su turno, la reacción pertinente del adulto a cargo debiese ser conversar con aquel que agredió como con el agredido, esto no debe cambiar si hay un diagnóstico TEA de por medio, la reacción fue incorrecta y no se puede normalizar ya que la repetición de la respuesta generará la repetición de la acción.
¿Qué estrategias se pueden implementar?
Una de las herramientas aplicadas en la sala de clases para facilitar la inclusión, es potenciar las capacidades y autonomía por medio de apoyo tecnológico, con esto se hace mención de las “Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (TIC)”, su aplicación en el ámbito educativo ha demostrado efectividad en la atención y niveles de estrés, como también, en otras áreas, fomentando la motivación a la participación tanto para estudiantes con algún diagnóstico como para quienes no lo tienen.
Por otra parte, tenemos la autogestión, es decir, involucrar al niño/a o adulto en sus emociones e introspección, entendiendo que es una persona válida y sujeto de Derecho dentro de cualquier contexto, esto ayudará en el aprendizaje y la independencia. Visto dentro del aula, implica “enseñar al estudiante a discriminar, evaluar y controlar los comportamientos apropiados de los inapropiados”, lo que ayudará a abordar el nivel de impulsividad que pueda tener el niño o la niña.
Para finalizar, es importante reiterar que todo esto debe ser un trabajo colaborativo e integral, la necesidad no solo es en el trabajo directo con los niños y niñas sino que también con los docentes y funcionarios del establecimiento.
Autora
Pamela Guevara Delgado
Mi objetivo es compartir los conocimientos que nos entregan las neurociencias para así, poder aplicarlos en nuestras actividades de la vida diaria y mejoremos tanto nuestro bienestar personal, así como también las prácticas educativas/terapéuticas
Referencias
Alcívar, N., Toala, L., Ramírez, J., y Villamar, E. (2022). Tecnologías en Educación Inclusiva para Niños con Trastorno del Espectro Autista: Experiencias de uso en economías en desarrollo. Revista Ibérica De Sistemas E Tecnologias De Informação, (E50), 63-89.
Lampert, M. (2021). Trastorno del Espectro Autista. Biblioteca del Congreso Nacional de Chile.
Santiago, F. (2018). Intervención social con niñas y niños diagnosticados con el Trastorno del Espectro Autista y sus familias. Voces desde el Trabajo Social, 6(1), 202-223.
Yáñez, C., Maira, P., Elgueta, C., Brito, M., Crockett, M., Troncoso, L., López, C., y Troncoso, M. (2021). Estimación de la prevalencia de trastorno del Espectro Autista en población urbana chilena. Andes pediatrica, 92(4), 519-525.
